2.18 Brush with greatness

Recientemente comenzamos a juntar todas las temporadas de Los Simpsons de una buena vez, en vista de que la selección de muchos de los episodios que transmiten actualmente deja mucho que desear. En particular me había encontrado sientiendo nostalgia por varios episodios que tenía años sin ver, probablemente porque las televisoras tienen una aversión a programar capítulos de las primeras temporadas.

La primera temporada es universalmente reconocida como atroz (incluso por sus creadores); es ya en la segunda cuando empiezan a demostrar chispazos de genialidad. Brush with greatness es uno de esos memorables episodios con un formato que se antoja tan ajeno hoy en día: una historia con sucesos humorísticos integrados de manera natural, en lugar de una colección de chistes unidos por un tenue hilo conductor.

Fue maravilloso reencontrarme con este episodio, que casualmente nunca había visto en inglés, principalmente por las escenas en Mount Splashmore. Poseen un ritmo genial, en el que el humor se va concatenando en aumento, hasta culminar en el momento en el que Homero se atora en el tobogán.



Desde el momento en el que los niños felices se lanzan para "destapar" la obstrucción...



...hasta que dan la vuelta dentro del tobogán que descubre a Homero gritando de terror (que, en turno, provoca pavor en los niños que se precipitan sobre él)...



...no pude evitar soltar la carcajada como tiene años que Los Simpsons no me la provocan. ¡Qué dibujos tan expresivos y orgánicos! ¡Qué ritmo tan genial!

Es una escena digna de un comediante de stand-up, en el que la premisa desde el principio te va abriendo la sonrisa hasta que el remate (en una toma perfecta que te hace imaginar la manera en la que los niños están experimentando un contacto extremo con Homero) explota triunfalmente, con todo y una breve pausa para que puedas recuperarte.



Esta escena no sólo me encanta por su ritmo y progresión, sino también por la cualidad imperfecta y humana de su animación. Estamos hablando de que en este punto Klasky-Csupo (Rugrats) todavía se encargaba de la animación, por lo que se puede ver en sus líneas una cualidad tosca y libre que contribuye a la fluidez de la secuencia. Uno de los grandes factores por el que Los Simpsons no parecen tan graciosos hoy como antes es que se llevaron la animación a Corea, donde adoptó un estilo frío y mecánico. En temporadas recientes ha habido escenas muy graciosas que, en mi opinión, se hubieran podido salvar si la animación no fuera tan rígida.

Observen las imágenes. Es imposible pensar que Los Simpsons pudieran regresar a un estilo tan relajado en su trazo. Pero ¿a poco no arranca la sonrisa sólo el ver gritar a ese Homero?

4.20 Whacking Day

Para inaugurar las actividades del Día del Garrote, el alcalde Diamante presenta al invitado especial.
Alcalde: Y ahora con ustedes, Larry White.
Barry White: Es Barry White.
Alcalde: No, aquí dice Larry.
Barry White: Yo sé cómo me llamo.

Siempre me da risa la respuesta de Barry White, porque cualquiera que discuta con él si su nombre es ese u otro simplemente es un necio.

Esta frase de "Yo sé cómo me llamo" la hemos utilizado Pedro y yo para significar que uno tiene la razón cuando discutimos entre nosotros o con alguien más acerca de algo tan personal como el nombre propio. Como la vez en que es un repartidor de pizza discutió conmigo porque él no encontraba mi casa porque la calle de mi casa no se llamaba como yo le dije.

Por supuesto la frase no se le dice nunca a nadie en su cara porque no lo entenderían. Pero estoy esperando que alguien me diga que mi nombre es Zaira Márquez, para yo poder responderles "Yo sé cómo me llamo".

Tengo un caballito

A veces quiero poner algo en este blog. Pero si veo el último post que se subió y resulta que lo escribió mi esposo, lo pienso dos veces antes de subir un nuevo post. Porque él escribe análisis largos y detallados e interesantes y yo, no tanto...
A veces me siento como Milhouse y su caballito, en la presentación de show + tell después de Bart y su pistola atontadora.

Milhouse: Tengo un caballito

Nomás me falta que Nelson me diga: ¡Bufón!

20.13 Gone Maggie Gone

Es tiempo de volver a querer a Los Simpsons.


En relación a Los Simpsons, la mayoría de la gente que conozco se divide en dos grupos: aquellos que dejaron de seguirlos hace años y que cada vez que se topan con uno reciente hacen cara de asco, y aquellos que mantienen una devoción inquebrantable como complemento a su afición por el anime y la ciencia ficción. Realmente son pocas las personas que perciben a Los Simpsons como una serie cualquiera, como Law and Order o 2 and a half men. Si acaso, existe más bien una incredulidad de que se haya mantenido por tanto tiempo, y existe un sobreentendido de que ya sólo es cuestión de tiempo.

La reciente presentación del formato en pantalla ancha quizá picó la curiosidad de parte de la audencia perdida, pero el episodio en cuestión (el insulso Take my life, please) se encargó de dispersarlos de nueva cuenta. No había garantía de que una actualización visual impactaría en la calidad de las historias, pero al menos para una ocasión tan especial como el cambio de entrada yo sí esperaba un mayor esfuerzo por parte de los escritores.



Algo curioso ha ocurrido, sin embargo, pero me ha tomado un poco de tiempo reconocerlo: algunos de los episodios de las últimas semanas han sido más que competentes. En especial 20.11 How the test was won y 20.13 Gone Maggie Gone. He descubierto que ambos episodios cumplen con el único requerimiento que por años he pedido de un episodio de Los Simpsons: que la historia principal comience casi desde el principio.

Esa solía ser una marca de los antiguos episodios de Los Simpsons, que también se encuentra presente en la mayoría de los episodios clásicos. En un afán de tratar de meter la mayor cantidad de bromas dispares, en los últimos años la estructura de los episodios se ha deformado tanto que lo que anteriormente era la viñeta de introducción a menudo duraba tanto como la historia principal, sin contar la inclusión de mini-historias paralelas. El resultado final era una experiencia efímera y vacía, un vehículo para una colección de gags pero sin el peso dramático de antaño.


Gone Maggie Gone, en un primer vistazo, es un maravilloso experimento. Para el minuto 3 la historia de introducción (un eclipse solar que quema las retinas de Marge) ha tomado su curso y comienza la historia de cómo Homero pierde a Maggie en un convento, permitiendo que el misterio Dan Brown-esco con tintes de National Treasure se desarrolle con tranquilidad. La diferencia es notable: existe una sensación de espacio, de que la historia puede respirar, ya que personajes tratando de resolver acertijos es una de las propuestas narrativas que consumen más tiempo. El detalle de permitir a la audiencia el tratar de resolver los acertijos durante los comerciales también me pareció un toque amable, como si ya hubieran madurado más allá de jugar con la cuarta pared ("...or you?" de Who shot Mr. Burns?) y hubieran decidido finalmente atravesarla de manera juguetona.

Corre el rumor de que muchos escritores del show han comentado que Los Simpsons se había convertido de un tiempo a acá en una colección de chistes porque no había manera de que sobreviviera en su formato inicial. No se si sea una referencia a que su competencia líder sea Family Guy, cuyo énfasis está en las parodias y referencias, mientras que la historia es lo menos importante. Puede que tengan razón, porque para mi desencanto, Gone Maggie Gone ha sido el segundo episodio menos visto de toda la serie (después de Lisa the Drama Queen, que está lejos de ser el peor episodio de Los Simpsons).



Quisiera poder mencionar ejemplos de series animadas en las que el énfasis de las historias las ha llevado al éxito, pero es difícil: King of the Hill ha sido cancelada, South Park es difícil medirla porque es TV de paga... y con Futurama es cada vez más difícil recordar las historias centrales de sus películas. Aunque el resto de los episodios de esta temporada de Los Simpsons ya han sido escritos y producidos, dudo mucho que mantengan este tipo de calidad. Sin embargo, casos como Gone Maggie Gone, apreciados por la crítica pero ignorados por el público, dictarán lo que suceda en la temporada 21. Eso es muy preocupante.


Para nosotros, que disfrutamos diligentemente de Los Simpsons sabiendo que no todos son ganadores pero que aún cuentan con esa chispa que brilla de vez en cuando, es un placer encontrarse con gemas como éstas. Desafortunadamente, parecen ser cada vez más un fruto prohibido cuya existencia se castiga con pobres resultados.

11.15 Missionary: Impossible

Me gusta cuando los chistes en Los Simpsons son muy sutiles. En este caso, un chiste puede pasar desapercibido y el espectador ni se da cuenta cuando se perdió de algo muy gracioso.

Cuando encuentro un chiste de este tipo, se vuelve una especie de joya, y es
un orgullo poder decir: "Hey, ¡sí le entendí!".

Un ejemplo de estos chistes que no son no tan obvios, está en el capítulo Missionary: Impossible. Para escapar de dar una donación a la PBS, a Homero lo envían a una isla remota en el pacífico para ser misionero. Una vez en la isla, Homero se la pasa lamiendo ranas, y pasa lo siguiente:



Las palabras que salen de la rana/Marge son exactamente las primeras palabras de la canción de Pink Floyd, Comfortably Numb:


Cabe señalar que este chiste sólo se puede apreciar en la versión original en inglés, ya que en español no le dan la entonación adecuada a las palabras de Marge.

Pero sí, la primera vez que vi este chiste en inglés, y le entendí, me sentí S-M-R-T.

"No lloren por mí... "

"Don't cry for me, I'm already dead" es una pequeña historieta sobre el lazo especial que las citas de Los Simpsons formó en dos hermanos. Personalmente, pienso que el estilo de los personajes no es mi favorito y su mensaje sufre por ello: las grotescas expresiones faciales le dan un toque visual melodramático, lo cual es es desafortunado porque la historia es genuinamente dulce. Para los que usamos citas de Los Simpsons diariamente, al punto de que se ha convertido en una manera válida y divertida de comunicarnos (como las docenas de ejemplos que pueden encontrarse en las entradas de este blog), el código entre los hermanos en su relación se revela absolutamente conmovedor.

"Don't cry for me, I'm already dead", de Rebecca Sugar
(la navegación está al fondo de la página)

Como dato relacionado, la dirección de internet del comic se me hizo muy familiar, y mientras escribía esto recordé por qué: Rebecca Sugar es la autora también de una tira en oekaki (herramienta de dibujo en línea) que me maravilló por su economía y fuerza, una pieza muy emotiva llamada Chubby Mary In Space.

3.17 Homer at the bat

"Homer at the bat" fue uno de los primeros episodios con esa aura de que el programa tenía algo especial, un sentido despreocupadamente épico. Al momento de su estreno su calidad era innegable, pero su brillantez en todos los aspectos sólo se haría evidente, en retrospectiva y contraste no sólo con el futuro catálogo simpsoniano, sino con la televisión de los próximos quince años. Hasta el momento sólo South Park me provoca la misma sensación de "esto es demasiado bueno para estar en TV".

Del episodio también nació una de las referencias más rebuscadas y complejas a las que nos tocó acudir. Cerca del clímax de la historia, el señor Burns ve desintegrarse el equipo de jugadores profesionales que había formado para vencer al equipo de Shelbyville, por lo que acude a sus empleados para que salgan de la banca y tomen el puesto de sus estrellas titulares. Todos saltan felices de poder participar en el juego, pero Burns detiene a Homero y le hace notar que su posición en el campo sigue ocupada por Daryl Strawberry, el único jugador que no faltó al juego.


A inicios del 2003 Sara y yo trabajábamos juntos en las oficinas de un periódico. Desde hacía cierto tiempo se habían dado trabajos de remodelación al espacio, poniendo alfombras nuevas y cambiando las rudimentarias mesas por agradables semi-cubículos. Un día llegamos y emocionados nos topamos con que el más reciente cambio nos había dotado de computadoras nuevas para todo el departamento. En vista de que los cacharros prehistóricos que usábamos habían comenzado a afectar nuestro trabajo por su pobre rendimiento, dimos varias maromas por tan lindos juguetes nuevos.

Yo me senté frente a mi equipo relamiéndome los labios, pero Sara se dejó caer en su silla, incrédula. Todas las computadoras habían sido reemplazados por nuevos modelos, salvo la suya, la más primitiva de todas. Se giró hacia mi y me dijo, con una mezcla de tristeza y sorpresa: "¡Daryl Strawberry!"

Ah, Los Simpsons... una referencia para toda ocasión.